Una empresa no puede empezar a franquiciar
en cualquier momento. Franquiciar no es algo que se decida sin más,
sino que debe enfocarse con una rigurosa planificación; porque
al fin y al cabo se trata del procedimiento estratégico de
crecimiento para la empresa.
La decisión de franquiciar no puede adoptarse desde la inmadurez
del negocio, desde la inexperiencia empresarial o desde la reducida
rentabilidad de una actividad de reciente iniciación.
Franquiciar tan sólo será posible ante determinados
criterios que el empresario, apoyándose en la opinión
de analistas expertos en franquicia, tendrá que ratificar
con suficiente antelación.
Vamos a destacar, en términos generales, cuatro supuestos
que deben corroborarse para iniciar el desarrollo en franquicia.
Corroborar la situación y previsible evolución
del mercado al que pertenece o, en su caso, donde pretenda iniciarla.
Para poder franquiciar con garantías de éxito, el
mercado debe demostrar excelentes perspectivas de crecimiento -
ha de tratarse de un mercado, cuando menos, estable - y contar con
una amplitud suficiente que dé por buena cualquier previsión
de equilibrio y constancia en la demanda.
Reafirmar la disposición de un producto o un servicio
siempre original, diferente e innovador con respecto al ofrecido
por la competencia y haber contrastado su buen grado de aceptación
por parte del público.
Asegurarse de contar con un sistema propio de gestión
y administración, suficientemente experimentado que sea fácilmente
transmisible a terceros a voluntad de la empresa y difícilmente
accesible para cualquier competidor en general. Tengamos en cuenta
que la franquicia requiere dos activos estratégicos de gran
relevancia: una marca y un know how.
Que los tres aspectos antes señalados y la disposición
de un buen producto en un mercado interesante, se reflejen en claras
ganancias para el empresario. Es decir, que se trate de una actividad
capaz de generar una rentabilidad adecuada a las inversiones realizadas
y claramente superior a la media de su sector.
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